El pasado 3 de enero amaneció con la noticia de que Nicolás Maduro, dictador comunista de Venezuela, fue capturado por las Fuerzas de Estados Unidos y removido del poder, previo bombardeo a Caracas y un par más de localidades de Venezuela.
Esto generó opiniones de ambos lados ideológicos, y aunque parezca mentira, ambos lados tienen su parte de razón. Por un lado, la izquierda repudiando el bombardeo de Trump a Venezuela, considerándolo a éste un invasor, slogans como “Fuera Yankis de Venezuela”, “repudio a la intervención de Estados Unidos en Latinoamérica”, “Liberen a Maduro”, etcétera, además de las marchas típicas de algunos sectores izquierdistas cuando algo no les gusta. Acusan a Donald Trump de querer llevarse petróleo de suelo venezolano.
Del otro lado aparece la Derecha, diciendo “Venezuela libre”, “Nunca más un comunista”, “La libertad avanza”, “Cayó un dictador”, “El pueblo de Venezuela merece libertad”, “Abajo el comunismo”.
El sistema democrático está pensado para que, quienes piensen distinto, se odien entre sí. Ambos lados suelen esconder cosas oscuras.
Mi opinión es que, en primer lugar, esta intervención fue muy repentina, porque hasta el día anterior, nada hacía pensar que podía suceder algo semejante, más allá de cierta información que circulaba de que el mandatario norteamericano quería intervenir el país sudamericano. En segundo lugar, el chavismo (movimiento político al que pertenece Maduro) es absolutamente detestable y yo estoy siempre de la vereda opuesta a dicho régimen, por tanto, me parece bien que hayan sacado a Maduro, quien pretendía quedarse en el poder hasta su muerte.
Por otro lado, no voy a pecar de ingenuo. Es obvio que Trump no hizo lo que hizo solamente para devolver la libertad y la paz a Venezuela, como un acto de mero altruismo, sino que también el líder republicano tiene puestos intereses personales en Venezuela, como llevarse algunos recursos como el petróleo. Esto último es un argumento utilizado por muchos socialistas para justificar el repudio a este hecho, pero hay que decir que hay algo de cierto ahí también, ya que Estados Unidos ha anunciado el control indefinido de la venta del petróleo venezolano.
El caso inundó las redes de memes y de publicaciones de ambos lados de la grieta ideológica en distintos países de la región y sin dudas marcará un antes y un después en la Historia de Latinoamérica.
Algunas fuentes señalan que Maduro podría ser condenado a muerte si lo encuentran culpable de todo lo que se lo acusa, pero rige la incertidumbre sobre qué pasará con Venezuela. ¿Tendrá el país sudamericano la posibilidad de convocar a elecciones democráticas y elegir un nuevo líder que los gobierne? En las pasadas elecciones que hubo en 2024 se dice que ganó Edmundo González Urrutia, esto último fue reconocido por la oposición venezolana, quince países y varias organizaciones internacionales, por eso algunos sostienen que es él quien debería asumir la presidencia. De momento, quien se ha hecho cargo es Delcy Rodríguez, quien era la vicepresidenta de Maduro e incluso se sospecha que fue ella quien entregó al líder chavista a las Fuerzas de Estados Unidos.
La incertidumbre es total y el futuro de Venezuela (quizás, también de la región) es absolutamente incierto.
Emiliano Mezzabotta
(Instagram: @acaemilianomezzabotta)










