35.4 C
Rosario
lunes, febrero 9, 2026
Más

    Lo negativo siempre pesa más que lo positivo

    Tenemos demasiada tendencia a enfocarnos en los aspectos negativos de las cosas. En nuestro cerebro se produce una mayor actividad neuronal ante estímulos negativos, que ante estímulos positivos. Odiamos o nos enojamos con mayor intensidad de la que nos alegramos, y el enojo dura más tiempo.

    El tenista, Jimmy Connors lo dejó en claro cuando dijo “Odio perder más de lo que me gusta ganar”. Esto significa que, cuando ganamos o logramos algo, la intensidad del sentimiento de la alegría dura poco tiempo, en cambio cuando perdemos o no logramos algo, el enojo, la bronca y la frustración duran más y se viven con más intensidad.

    Esta tendencia se conoce como Sesgo de negatividad, y nos hace dar más peso, atención y memoria a las experiencias negativas de la vida. Nuestra mente es capaz de borrar nuestros recuerdos positivos y siempre traer nuestros peores recuerdos. Incluso, dentro de una experiencia positiva, también hay algún aspecto negativo y nuestro cerebro siempre nos lo trae.

    Otra manera de expresar esto es el hecho de dar más credibilidad a alguien que expresa una crítica negativa sobre algo, que a alguien que expresa una opinión positiva. Cuanto más dura es la crítica, más inteligente tendemos a considerar a esa persona.

    Muchas veces también nos pasa que no nos animamos a hacer determinadas cosas porque nos anticipamos a los resultados negativos que podríamos obtener. Por ejemplo, hacer una inversión, emprender, encarar a alguien que nos gusta. Muchas personas no se animan a dar esos pasos por miedo a que el resultado no sea el esperado. Y muchas veces, si el resultado que obtenemos es el esperado, aún así nos sentimos insatisfechos, incompletos. Sentimos que algo nos falta.

    “Nuestro cerebro prioriza aquello que nos puede dañar” señaló el psicólogo Alberto Ramírez.

    ¿Por qué nos sucede esto?

    Hay una explicación evolutiva para este fenómeno. Se trata de una cuestión de supervivencia. A lo largo de muchos miles de años, la vida humana se desarrolló en medio de circunstancias realmente peligrosas. Había que estar atento porque las probabilidades de perder la vida eran elevadas. Si nuestros antepasados escuchaban un ruido inusual debían ponerse en estado de alerta, tomar armas y prepararse para lo peor. Podía ser una bestia que los acechara o una tribu hostil que quisiera ocupar su cueva. Lo mismo ocurría con una comida nueva que no formaba parte de su dieta o un río que atravesaban por primera vez.

    Nuestro cerebro está diseñado y programado para mantenernos con vida y protegernos. Claro está que las intenciones de nuestro cerebro son buenas, lo que ocurre es que a estas alturas de la evolución y en una sociedad como la nuestra, esta tendencia a la negatividad acaba amargándonos la vida.

    Por todo esto es que nos conviene ser conscientes de la existencia de este sesgo y actuar en consecuencia para contrarrestarlo y equilibrar la balanza.

    Artículos relacionados

    Últimos Publicados

    Rosario
    cielo claro
    32.6 ° C
    32.6 °
    24 °
    52 %
    4.1kmh
    0 %
    Mar
    40 °
    Mié
    32 °
    Jue
    35 °
    Vie
    35 °
    Sáb
    28 °
    spot_img
    spot_img
    Más Bellas
    AMAR
    Estudio Contable Integral
    Avas
    spot_img
    Blex Urquiza
    spot_img