
SIN FRONTERAS
El secreto metafísico fundamental, si nos atrevémos a enunciarlo de manera tan simple, es que no hay fronteras en el universo. Las fronteras son ilusiones, demarcaciones; no son productos de la realidad, sino de la forma en que cartografiamos y lo acotamos. Y aunque está muy bien cartografiar el territorio, confundir el territorio y el mapa es fatal.
Por la vía del número abstracto, el hombre consideró liberar su mente de las cosas concretas. Hasta cierto punto, esto era posible por mediación del primer tipo de demarcación, es decir, mediante la denominación, la clasificación y la observancia de las diferencias. Pero los números incrementaron este poder en forma espectacular porque, en cierto sentido, era de hecho, un tipo de demarcación totalmente nuevo.
Era una demarcación de una demarcación, una metademarcación. Que es el número, los griegos consiguieron introducir un sutil conflicto, un dualismo que se ha adueñado del hombre europeo como un vampiro que se ceba en su presa, pues la nueva metademarcación, los números abstractos, trasciende de tal manera el mundo concreto que el hombre descubrió que a partir de entonces estaba viviendo en dos mundos. Pues el período intermedio entre los griegos y los primeros físicos clásicos estuvo ocupado por una fuerza recién aparecida en el escenario europeo: la Iglesia. Y la Iglesia no quería saber nada de medir o numerar científicamente la naturaleza.
Pero los científicos del s XVII no se limitaron a resucitar las metademarcaciones del número y de la mediación y darles mayor complejidad.
Inventaron la meta-metade-marcación comúnmente conocida como álgebra. Cuando se lee el proceso de esta revolución científica del siglo XX tal como lo presentan estos mismos físicos, no puede uno dejar de impresionarse ante la mal sobrecogedora de la conmoción intelectual que se produjo en el breve término de una sola generación la de 1920-1925, que va desde la teoría de la relatividad de Einstein hasta el principio de incertidumbre de Heisenberg.
Las fronteras y los mapas clásicos de la antigua física literalmente se vinieron abajo. Los viejos cimientos del pensamiento científico se vuelven inenteligibles.
El hecho de que estas realidades básicas jamás fueran susceptibles de medición exacta, en ninguna circunstancia fue el que se llamo principio de incertidumbre de Heisenberg lo llamó “La disolución del marco rígido “ las viejas demarcaciones se habían desplomado.
Se diría que estos físicos consiguieron tener un atisbo del mundo real, del territorio sin fronteras, del mundo que vería Adán antes de que Dios le diera la tarea la demarcación de la naturaleza su cartografía.
Teilhard de Chardin habla así de ese complejo entramado:
Considerada en su realidad concreta, la sustancia del universo no puede dividirse, sino que, como una especie de átomo gigantesco, forma en su totalidad la única realidad invisible (…) Cuanto más y más profundamente penetramos en la materia, volviéndonos de métodos cada vez más poderosos tanto más azorados nos deja la dependencia recíproca de sus partes (…). Es imposible efectuar cortes en esta red, aislar una parte de ella sinque los bordes se nos deshilachen y se nos enmarañen.
En el infinito Dharmadhatu, todas y cada una de las cosas incluyen simultáneamente a todas (las otras cosas), en perfecto cumplimiento, sin la menor deficiencia u omisión, en todo momento. En consecuencia, ver un objeto es ver todos los objetos, y viceversa.
Como dicen los budistas “todo en uno y uno en todos”.
Para Oriente no hubo más que un camino el Tao, el Dharma, que señalaba una unidad por debajo de las líneas divisorias de los mapas dibujados por el hombre.
De manera que cuando el físico, o el sabio oriental, dice que todas las cosas están vacías, o que todas las cosas son no-duales, o que todas las cosas se interpretan, no se propone negar las diferencias, hacer caso omiso de la individualidad sin ver el mundo como una homogeneidad amorfa. El mundo contiene toda clase de superficies y líneas, pero están todas entretejidas en una trama sin costuras.
Par Oriente, sin embargo, la realidad son fronteras no ha sido jamás una preocupación exclusivamente filosófica o teórica. Nunca fue algo que hubiera que resolver en una pizarra o en un laboratorio, por más importante que sean tales entidades. La carencia de demarcaciones era, más bien, cosa de la experiencia cotidiana del vivir concreto. La gente está siempre empeñada en acotar su vida, su experiencia, su realidad. Y lamentablemente cada línea demarcatoria es un frente de batalla en potencia.
Así, el único objetivo de las vías de liberación orientales (y de las orientaciones esotéricas en Occidente) es desligar a la gente de los conflictos y complejidades de sus batallas, liberándola de sus fronteras.
Beatriz Celina Liberti
Prof. de Derecho (UNR)
Grafólogra Científica Forense (Mat. 309-Prograf)
Reikista (Fac. de Ciencia Médicas)
Diseñadora Gráfica: http://amigosxlamusica.mex.tl/, https://melanyresurgirbv.blogspot.com/
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