
CONSUMO, BELLEZA, FEALDAD
La fealdad visual pulida e impecable se lleva a cabo somo un contagio sin distancia estética. La exhaustiva visibilidad del objeto destruye también la mirada. Lo único que mantiene despierta la mirada es la alternancia rítmica de presencia y ausencia, de encubrimiento y desvelamiento. También lo erótico se debe a “la puesta en escena de una aparición-desaparición, a la “línea de flotación de lo imaginario”. La permanente presencia pornográfica de lo visible destruye lo imaginario. Paradójicamente, no da nada a ver.
Hoy no solo se vuelve pulido lo bello, sino también lo feo. También lo feo pierde la negatividad de lo diabólico, de lo siniestro o de lo terrible y se lo satina convirtiéndolo en una fórmula de consumo y disfrute.
Bataille percibía en lo feo una posibilidad de disolución de los límites y de liberación. Ofrece un acceso de la fealdad del acto sexual. Del mismo modo que la muerte en sacrificio, la fealdad del apareamiento hace entrar en la angustia. Pero cuando mayor sea la angustia. Pero cuanto mayor sea la angustia (…) más fuerte será la conciencia de estar excedido los límites conciencia decida por un éxtasis de alegría.
En consecuencia, la esencia de la sexualidad es exceso y trasgresión. Disuelve los límites de la conciencia. En eso consiste su negatividad.
Hoy la industria del entretenimiento explota lo feo y lo asqueroso. Lo hace consumible.
En un principio, el asco era un “estado de excepción” una crisis aguda de autoafirmación frente a una alteridad inadmisible, un espasmo y un combate que se decide, literalmente, el ser o el no ser. Lo asqueroso es lo inconsumible por excelencia. También para Rosenbrang lo asqueroso tiene una dimensión existencial. Es lo distinto de la vida, lo distinto de la forma que se pudre y descompone. El cadáver es un fenómeno escandaloso, porque todavía tiene forma, aunque en sí mismo es amorfo.
Siendo lo infinitamente adverso, lo asqueroso se sustrae a todo consumo. Lo repugnante que luego se ofrece en los reality shows de “supervivencia” carece de toda negatividad que pudiera desencadenar una crisis existencial. Se lo satina convirtiéndolo en formato de cosnsumo.
Según Bataille, la esencia del erotismo es el entusiasmo. En consecuencia, el imperativo higiénico sería el final de erotismo.
El erotismo sucio deja paso a la pornografía limpia. Precisamente la piel depilada otorga al cuerpo una pulidez porno que se percibe como pura y limpia. La sociedad actual obsesionada por la limpieza y la higiene, es una sociedad positiva que siente asco ante cualquier forma de negatividad.
El imperativo higiénico se traslada también a otros ámbitos. Así como por todas partes se dictan prohibiciones en nombre de la higiene.
Pollard Pfaller constata certeramente en su libro “lo santo sucio y la razón pura”.
Si, buscando rasgos comunes, uno trata de caracterizar las cosas que, por así decirlos a nuestra cultura se han vuelto inoficialmente imposibles, lo primero que llamaba la atención es que, estas cosas, nuestra propia cultura las experimenta a mendo bajo el signo de la repugnancia, como sucias.
Beatriz Celina Liberti
Prof. de Derecho (UNR)
Grafólogra Científica Forense (Mat. 309-Prograf)
Reikista (Fac. de Ciencia Médicas)
Diseñadora Gráfica: http://amigosxlamusica.mex.tl/, https://melanyresurgirbv.blogspot.com/
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