Los bombardeos entre Estados Unidos e Irán ponen en duda el contexto de su presencia en la Copa del Mundo: su liga fue suspendida y el presidente de la federación opinó al respecto.
A menos de cuatro meses de que arranque la Copa Mundial de la FIFA 2026, el estruendo no viene de los estadios, sino del cielo. Durante la madrugada de este sábado, Irán fue blanco de bombardeos en sus principales ciudades por parte de Israel y Estados Unidos. Un episodio que encendió las alarmas en Medio Oriente y tensó el escenario internacional.
El Mundial, que tendrá como sedes a Estados Unidos, México y Canadá, aparece de pronto atravesado por una realidad que desborda cualquier planificación deportiva.
En ese contexto, la Selección iraní ya tiene asegurado su boleto. Lo consiguió tras empatar como local ante Uzbekistán, con doblete de Mehdi Taremi, resultado que le permitió clasificar con antelación en las Eliminatorias asiáticas. En lo futbolístico, el mérito es incuestionable. En lo político, el panorama es incierto. Irán comparte el Grupo G con Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda, y debe disputar partidos en Los Ángeles y Seattle, territorio estadounidense.
Con 106 días restantes para que se lleve a cabo su primer partido en tierras estadounidenses, que será el cruce entre Irán y Nueva Zelanda por la primera fecha del Grupo G, las fuerzas militares de los Estados Unidos llevaron adelante junto con Israel un «ataque preventivo» a las principales ciudades iraníes.
El principal foco de conflicto es Teherán, la capital de Irán, aunque también se llevaron a cabo bombardeos en ciudades como Isfahán, Qom y Karaj. Hasta el momento se han reportado 40 muertes y 48 personas heridas producto de estos ataques estadounidenses. Como represalia, la Guardia Revolucionaria iraní confirmó que contraatacó y realizó bombardeos en las bases estadounidenses ubicadas en Bahréin, Qatar y Emiratos Árabes.
Tras estos ataques a las principales ciudades del continente asiático, varios países de Medio Oriente han decidido cerrar sus espacios aéreos ante los recientes bombardeos. Y dentro de las naciones que han tomado esta determinación aparece Jordania, país que será rival de la Selección Argentina en la Copa del Mundo.
Horas atrás, el presidente de la federación iraní, Mehdi Taj, se expresó en la televisión pública del país y dejó en claro que, a esta altura, es incierta la participación de Irán en el torneo: «Con lo que ocurrió hoy y con ese ataque de Estados Unidos, es improbable que podamos mirar con esperanza al Mundial, pero los jefes del deporte son los que deben decidir sobre eso».
El conflicto reavivó además un problema que ya estaba latente: las restricciones migratorias. El mismo Taj, reveló antes del sorteo de la Copa del Mundo que le fue negada la visa y lanzó una advertencia directa: “Los iraníes residentes en el país probablemente no recibirán visados para asistir a los partidos que la selección dispute en Estados Unidos”. La declaración cayó como un balde de agua fría entre los hinchas, que soñaban con acompañar a su equipo en la mayor vitrina del fútbol.
Mientras la diplomacia no logra recomponerse, todo es duda. La liga iraní suspendió su jornada tras los ataques, y el clima social está lejos de la normalidad. El Mundial 2026 promete estadios llenos y celebración continental, pero el caso de Irán recuerda que el fútbol no vive aislado. La selección hizo su parte en la cancha; ahora su destino, y el de su gente, depende de decisiones que se toman lejos del campo de juego.











