Advertencia: no es una película para cualquiera. Sus 156′ no son aptos para ansiosos o para personas que no pueden aguantar más de dos horas sin mirar el celular, como la chica que estaba sentada adelante mío.
¿Es una obra maestra? No. ¿Es una buena película? Si. Para la actualidad del cine, donde la vara esta bastante baja, quizás sea una de las películas del año, candidata a premios varios.
¿De que trata? Un científico despierta en una nave sin recordar porque esta allí, completamente solo, en el medio del espacio y con dos cadáveres alrededor. Y debe salvar al mundo de su extinción en una misión muy difícil.
Durante su viaje se encontrará con un curioso personaje que tomará una importancia vital en la historia convirtiéndose en el principal aliado de Ryan Gosling, el improvisado astronauta.
La película no transcurre en forma lineal sino que, a medida que avanza la historia en el espacio, a través de flashbacks nos enteramos como llegó Gosling a la nave y que fue lo que sucedió en el camino. En estas secuencias se destaca la alemana Sandra Huller (Anatomía de una caída), la líder de la misión.
La historia tiene humor, algunas referencias cinéfilas para entendidos y un toque argentino que sorprende. El ritmo se sostiene bastante, a pesar de su duración. Aunque no tiene grandes escenas de acción, si tiene algo de suspenso.
Es una película para ver en el cine, con pantalla y sonido acorde. No es una superproducción espacial que impacte, es un apocalipsis que se disfruta despacio. Y vale la pena.



