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viernes, febrero 6, 2026
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    Capitán Garfio: ¿el villano de una historia mal contada?

    Durante décadas, Peter Pan fue interpretado como una fábula luminosa sobre la infancia eterna, la aventura y la libertad. En ese relato, el Capitán Garfio ocupa el lugar asignado al villano clásico: cruel, vengativo, exagerado, una amenaza a neutralizar para que el juego continúe. Sin embargo, una lectura menos ingenua —y más adulta— sugiere que esa etiqueta merece al menos ser revisada.
    Garfio no busca dominar Nunca Jamás ni imponer un orden tiránico. Su obsesión es mucho más concreta: Peter Pan. El motivo no es menor. Peter le cortó la mano en un duelo, la arrojó a un cocodrilo como si fuera algo gracioso y convirtió esa mutilación en espectáculo. Desde entonces, Garfio vive perseguido por el tic-tac del reloj que el animal tragó junto con su extremidad: una metáfora directa, poco sutil, del tiempo que avanza y de la muerte que acecha.
    Peter Pan, en cambio, rara vez es interrogado como personaje. Se lo presenta como héroe por default: el niño que no crece, el líder natural, el aventurero encantador. Pero Peter también es irresponsable, amnésico e impulsivo. No recuerda a quienes abandona ni se hace cargo de las consecuencias de sus actos. Nunca Jamás es su patio de juegos, y quienes lo rodean existen en función de su diversión. Cuando algo se rompe, Peter simplemente sigue adelante.
    La diferencia central entre ambos personajes no es moral, sino temporal. Garfio envejece. Peter no. Garfio recuerda. Peter olvida. Garfio teme a la muerte. Peter no la reconoce como posibilidad. En ese contraste se construye gran parte del conflicto: el adulto frente al niño eterno, el que carga con heridas frente al que juega con ellas.
    El cocodrilo es clave en esta lectura. No es solo un recurso cómico, sino la encarnación del tiempo devorador, persiguiendo a alguien que sabe que su final es inevitable. Garfio no le teme tanto a Peter como a lo que Peter representa: la impunidad de quien no madura, no envejece y no paga costos.
    Desde esta perspectiva, Garfio aparece menos como un villano absoluto y más como un personaje trágico. Culto, elegante, humillado, atrapado en un mundo regido por reglas infantiles que ya no puede —ni quiere— aceptar. Su crueldad existe, sin duda, pero también su frustración y su condición de extranjero en una tierra que glorifica la eterna inmadurez.
    Tal vez Peter Pan no sea solamente una historia sobre no crecer, sino una advertencia involuntaria sobre lo que sucede cuando la infancia se vuelve mandato y no etapa. Y tal vez Garfio no sea el monstruo del cuento, sino el único personaje plenamente humano: el que recuerda, el que sufre, el que sabe que el tiempo pasa.
    Como suele ocurrir, la historia fue contada desde el punto de vista del vencedor. Y en los relatos, igual que en la vida, no siempre gana quien tiene razón, sino quien controla la fantasía.

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