EL HOMBRE DE LA CONQUISTA

 

                            EL HOMBRE DE LA CONQUISTA

 

El español del Descubrimiento, y luego de la Conquista, es un individuo que está bien preparado para la experiencia etnográfica que vivirá a partir del 12 de octubre de 1492. Los hombres de la Reconquista sabían que era enfrentarse y aun convivir con gente de religión y costumbres bien distintas sin que esas diferencias produjeran en ellos repulsión. Era, además, un hombre que había vivido, largamente, en frontera del cristianismo y del mundo de Occidente. Ahora, ante las indias que poblaban la tierra americana, ante las ninfas desnudas en algunas regiones, vestidas en otras, el español se comportó elementalmente sin desdeñar a esa mujer, haciendo de ella, con el señorío del dominador, la madre de sus numerosos hijos mestizos, la madre ilegítima de América. Y esta mujer, simplemente supletoria de aquella mujer blanca que habían olvidado las carabelas, o seductoras reales y cierta del español, al que rodeo en su voluptuosa facilidad, es mujer americana, bárbara, fresca sumisa hizo Hispanoamérica, este crisol que sigue fundiendo, mezclando procurando hacer de las muchas una sola mujer, una sola piel, un único espíritu y cultura.

En las iniciales palabras que Colón escribe en su Diario acorde de esa humanidad que ha descubierto queda implícitamente documentada la superioridad del mundo europeo, y su destino rector, no solo ante los taínos de las Antillas, sino ante las naciones y culturas de América. La historia de este drama se inicia con estas palabras, escritas luego de la euforia del Descubrimiento: “Yo, porque nos tuviesen mucha amistad, porque conocí gente que quizás se libraría y convertiría a nuestra sancta fe con amor que no por fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo, y otras muchas cosas de poco valor, con que hubieron mucho placer y quedaron tantos nuestros que era maravilla. Los cuales después venían a las barcas de los navíos donde no estábamos, nadando y nos traían papagayos y hilo de algodón en ovillos y azagayas y otras muchas cosas, y nos las trocaban por otras cosas que nos les dábamos, como cuentecillas de vidrio y cascabeles. En fin, todo tomaban y daban aquello que tenían, de buena voluntad. Mas me pareció que eran gene pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no ví demás de una, farto moza y todos los que vi eran todos mancebos que ninguno vide de edad de más de XXX años muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras, los cabellos gruesos cuasi como redes de cola de caballo e cortos. Los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan, dellos se pintan, y ellos son de color de los canarios, ni negros ni blancos, y dellos se pintan blanco y dellos de colorado, y dellos de lo que fallan, y dellos se pintan las caras, dellos todo el cuerpo, y dellos solo los ojos, y dellos solo la nariz. Ellos no traen armas ni las cognoscen, porque les amostré espadas y las nómades por el filtro y se cortaban con ignorancia. No tiene algún fierro y sus azagayas son unas varas sin hierro, y de alguna de ellas tienen el cabo un diente la pece, y otras de otras cosas. Ellos todos a una mano son de buena estatura de grandeza y buenos gestos, bien hechos. Ya, vide algunos que tenían señales de heridas en sus cuerpos, y les hice señas que era aquello, y ellos me amostraron como allí venían gente de otras islas que estaban cerca y les querían tomar y se defendían y por eso creo que aquí venían de tierra firme a tomarlos cautivos dellos daban ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo que muy presto dicen todo que le decían. Y creo que ligeramente se harían cristianos, que me pareció ninguna secta tenían yo, placiendo a Nuestro Señor, levaré de aquí al tiempo de mi partida seis a Vuestra Alteza para que deprendan fablar”.

 

Todo un mundo civilizado modificó otro mundo, pero a veces me pregunto, si las transformaciones o modificaciones deben hacerse en qué tiempo y forma deberían cambiarse?, ¿si lo natural no es parte del paisaje?, ¿entonces en dónde viviríamos? ¿En la aceptación de una playa nudista?.

Beatriz Celina Liberti
Prof. de Derecho (UNR)
Grafóloga Científica Forense (Mat. 309-Prograf)
Reikista (Fac. de Ciencia Médicas)
Diseñadora Gráfica: http://amigosxlamusica.mex.tl/, https://melanyresurgirbv.blogspot.com/
Radioaficionada: Lic. LU9FBL
Contacto: +54-9-3416994304

 

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