A Belén Agnella comencé a seguirla a través de su cuenta en una red social (instagram), de esta forma me vincule nuevamente con estos ejercicios que invitan a buscar la calma, el descanso mental, un estado que hasta puede resultar hipnótico. En mi caso realicé yoga en otro momento de mi vida por el 2017, 2018 en un gimnasio hoy desaparecido que se encontraba al lado de una tienda informática de la calle Corrientes, ahora bien volviendo a las clases de Belén puede decirse que invitan a soltar, a reconectar con uno mismo, a encontrar la armonía y dejar atrás el stress que conlleva el trabajo diario.
Su misión hoy pasa por compartir de una manera consciente, amable y que su público ( alumnas y no descarta incluir también a alumnos), aprendan y puedan transformar su bienestar físico y emocional.
La mañana fría del pasado martes 21, coordinamos un encuentro, el mismo se dió gracias a una gira que arrancó en la ciudad de Rosario, ya que está muchacha de 36 años brindó un taller de Yoga Terapéutico. Belén vive en Buenos Aires, en la localidad de Martínez. Mediante un abrazo de por medio como un encuentro entre amigas, así se inició la entrevista. Entusiasta y con una sonrisa me comenta que esta disciplina fue un antes y un después en su vida, siempre fue decidida por aquello que quería conseguir, dejó atrás su profesión de turismo y se enfocó en el estudio del yoga, que ahora la ocupa plenamente. Para ella el yoga representa un modo de vida.
Para conocer la historia del yoga, tenemos que remontarnos miles de años atrás en la antigua India (algunas estimaciones sugieren hasta 5.000 años atrás). Está disciplina ancestral tiene sus orígenes en las páginas de unos textos sagrados llamados Vedas, vinculados con el hinduísmo, el budismo y el jainismo. La palabra yoga significa «unión del cuerpo, la mente y el alma». Este término, escrito en sánscrito otorga beneficios para la salud física, emocional y mental.
Patañjali, un sabio filósofo hindú (que vivió del siglo II a.C al IV d.C) decía que para alcanzar la autorrealización se debían seguir 8 pasos. Indagar en estos pasos o momentos abre muchos conceptos e interrogantes filosóficos, uno de los pasos yama (conductas personales y su relación con el mundo que nos rodea) y niyama (la relación con uno mismo). Lo importante resalta Belén es cómo llevar el yoga en nuestro día a día. La mayoría de las personas a la hora de hacer esta disciplina se centran en las asanas (posturas). Cuando en realidad éstas son solo un medio para un fin mayor que es alejarnos del sufrimiento y encontrar un estado más puro y de liberación. La práctica de esta disciplina es como si fuese tu laboratorio. Continúa la profesora diciendo: «siempre les digo a mis alumnas vayan y descubran qué es lo que hay, pero después con esa información algo tenés que hacer o no, quizás decidís no hacer nada, pero te volvés más consciente de determinadas situaciones; de nada sirve que seas súper practicante de yoga, que te salgan todas las posturas hermosas, divinas como una foto de Instagram, si después en tu vida hay un caos mental, te peleas con todo el mundo, te quejas, no estás viviendo la vida que querés sino la que te impusieron, todo esto puede liberarse con las herramientas que proporciona el yoga».
Para finalizar, toda persona puede tomar la iniciativa de incluir el yoga en cualquier estadio de la vida, ya que se hace mucho incapié en alcanzar la relajación, la meditación, se aprende a respirar por ejemplo. Quizás sería una buena práctica para realizarla en familia, con los niños para buscar la calma y reducir tanto contacto con las pantallas como así también de incluirla en las escuelas, será quizás un dispositivo a trabajar.




