En una noche de terror, el Xeneize demostró que no tiene jerarquía mental. Con errores de principiante de Brey y Di Lollo, perdió 3-2 contra un Huracán que pateó tres veces al arco y terminó con nueve jugadores acalambrados. La Bombonera ya no late, ahora llora.
Por: Redacción Anti-Fútbol
Lo de Boca ya no es una crisis futbolística, es una comedia de enredos. Esta noche, ante su gente, el equipo de Úbeda (o lo que sea que intente armar en la pizarra) firmó su acta de defunción en el Torneo Apertura. Perder contra Huracán es grave; perder de local por tercera vez consecutiva en cruces directos es humillante; pero perder contra un rival que terminó con dos jugadores menos y que no cruzó la mitad de la cancha en todo el segundo tiempo, es para que entreguen el carnet y cierren el club por reformas.
Un arquero que todavía está en Ecuador y una defensa de cristal
La noche empezó con un «regalito» digno de un torneo de veteranos. Brey, que parece haber dejado los reflejos en el último viaje de Copa, le dio una pelota de compromiso a Delgado con tres rivales encima. ¿El resultado? El «Colorado» Gil se la robó, lo bailó a Costas y definió ante un arquero que se quedó mirando como si fuera un espectador con entrada VIP.
Boca reaccionó, es cierto, pero lo hizo con la eficacia de un ciego tirando dardos. Se chocaron contra Galíndez, que se disfrazó de Superman ante la incapacidad serial de Merentiel y compañía. El empate de Giménez llegó de carambola, con el hombro, casi pidiendo permiso, cuando el partido ya era un manojo de nervios.
Di Lollo: El mejor jugador… de Huracán
Cuando parecía que Boca, al menos por prepotencia de trabajo, llevaba el partido al alargue, apareció la figura de la noche: Lautaro Di Lollo. En un despliegue de torpeza pocas veces visto en un profesional, el defensor regaló dos penales infantiles. Uno más tonto que el otro.
Como si el destino quisiera burlarse de la cara de los hinchas xeneizes, fue Oscar Romero, el ex que nunca terminó de arrancar en el club, quien facturó por duplicado la «Ley del Ex». Dos penales, dos goles. Huracán, con nada, se encontraba con un botín que ni ellos mismos podían creer.
La vergüenza final: No le pudieron ganar a 9 muertos
Lo más patético estaba por venir. Huracán se quedó con 9 jugadores tras la expulsión criminal de la «Perla» Ramírez y un exabrupto de Pereira. Boca tenía el campo, la pelota, el tiempo y dos hombres de ventaja. ¿Qué hicieron? Tirar centros de mierda.
El descuento de Ángel Romero solo sirvió para decorar un resultado que ya estaba juzgado. Ver a los jugadores de Boca desesperados contra un equipo de Huracán que estaba literalmente acalambrado en su totalidad y con dos tipos menos, fue la imagen de la decadencia absoluta.
Ciclogénesis de mediocridad
Boca se queda afuera de todo. Por tercera vez consecutiva, lo eliminan en su propia cancha (ya lo hicieron Independiente y Racing). El «Templo» ahora es un spa donde los visitantes se llevan la clasificación y la gloria sin transpirar demasiado.
Hoy Boca es un club donde llueve hasta cuando hay sol. Un equipo que se mete solo en el laberinto y que no tiene la inteligencia ni para encontrar la salida de emergencia. Mañana habrá excusas, se hablará de «merecimientos» y de las tapadas de Galíndez. La realidad es una sola: Boca hoy es un equipo chico con camiseta grande.








