
LAS VIRTUDES TEOLOGALES
Cuando descubrimos el amor espiritual, nada vuelve a ser como antes. Pero ¿Qué nos acerca o nos sintoniza con los movimientos del espíritu? Cuando se trata de acompañar a personas en grandes traumas, terremotos, violencias y tempestades de la vida, se hace necesario un abordaje psicoespiritual. No basta con acompañar tales sucesos con estratagemas psicológicas, sino que es necesario contar con un significado existencial o espiritual labrado a través de la fe en que la vida es buena a pesar de los pesares mediante la esperanza que nos lleva a abrazar el futuro que se acerca, a través del músculo Cáritas, la compasión natural de sabernos profundamente humanos vulnerables y dignos de ser amados.
Fe, esperanza y caridad son, precisamente las famosas tres virtudes teologales del cristianismo aunque me parecen totalmente válida para la vida más allá de la religión.
Fe no significa creer en algo sobrehumano sino sentir que la vida es buena; confiar en ella.
Para el desarrollo de este tema el autor sostiene: que es un sistema arraigado y profundo que nos indica que vale la pena vivir. Más que una creencia es un ser divino, y más allá de albergar ideas dogmas que llevan nuestra mente, esta fe radica en saber que somos dioses y estamos inmersos en al divino. Se trata de reconocer que el aparente caos en nuestras vidas es, en realidad una armonía oculta. Decía que la armonía invisible es al caos visible.
¿Qué favorece el sentimiento de que la vida es buena? ¿Qué actúa como vitamínico para que crezca en nosotros esta fe espontánea, no prefabricada, no decidida racionalmente sino vivenciada en el cuerpo? Desde la perspectiva del análisis del que desarrolla estos conceptos; Siguiendo a la sabiduría de Marca Aurelio, podemos decir que la aceituna tiene fe porque está sintonizada con el olivo y con sus raíces, con los actos de la naturaleza y con un bagaje milenario. De manera análoga sostienen, nuestros padres, somos nuestros principales raíces, encarnar ese mismo principio creativo de la vida. Al mantenernos en contacto con estas raíces, experimentamos una fe espontánea en que la vida vale la pena, desarrollando el músculo de la fe. Y este músculo es el “sí de la vida” de Nietzsche: un asentimiento total a los hechos tal como son, tal como son, tal como fueron. Como dice el epitafio de la tumba de Nikos Kazantzakis, el autor de Zorba el griego: “No espero nada, no temo a nada, soy libre”. ¡Esta es una postura espiritual! En un estricto sentido de la buenaventura de vivir solos e halla en el eterno presente. Aquí y ahora. Abiertos a la realidad.
Esperanza significa seguir remando a favor de la permanente impermanencia de las cosas y de los fenómenos. Los entendidos no dejan de alterarnos de todas las amenazas que se ciernen sobre la vida en el planeta, predicciones que, aunque ciertas de ellas colocan a los jóvenes ante un abismo de información catastrófica y apocalíptica, y la salud mental se resquebraja porque falta justamente esperanza.
Cáritas que se traduce como caridad, empatía y compasión en el sentido cristiano. Cáritas significa entre otras cosas, que vivir es servir. Los griegos lo llamaron ágape y Sócrates afirmaba que una vida mala para uno mismo es una vida sin provecho. Se dice: Deus Cáritas est: “Dios es caridad”, lo que se puede entender como que la auténtica espiritualidad radica en dedicarse: al servicio del espíritu, del prójimo y de la vida.
Beatriz Celina Liberti
Prof. de Derecho (UNR)
Grafólogra Científica Forense (Mat. 309-Prograf)
Reikista (Fac. de Ciencia Médicas)
Diseñadora Gráfica: http://amigosxlamusica.mex.tl/, https://melanyresurgirbv.blogspot.com/
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