La victoria de los Juegos: la ciudad que queda

Hay ciudades que se definen por un momento, que tienen un antes y un después marcado a fuego en la memoria colectiva. Rosario tiene varios de esos momentos, algunos de gloria, otros de un dolor profundo. Esos años en que intentaron que creamos que la batalla estaba perdida. Años en que una perspectiva excesivamente ideológica perpetuó la fórmula para que parezca invencible la violencia urbana de los grupos criminales. Rosario aparecía en los noticieros nacionales casi exclusivamente ligado a balaceras, a familias destrozadas, a chicos que crecían en medio del miedo. Es una herida que quedó en nuestra memoria, una que nadie quiere recordar, pero que hace un par de años empezó a quedar atrás. El próximo sábado, cuando se encienda el fuego de los XIII Juegos Suramericanos y más de 4.000 atletas de 15 países estén instalados en la ciudad, esos mismos periodistas que venían con chalecos antibala, un poco por miedo y otro porque “garpaba” el relato de guerra de bandas, van a usar sus micrófonos para contarle a  toda Sudamérica que Rosario volvió y volvió con todo. Eso, podemos estar seguros, “garpa” muchísimo más.

La transformación que hace posible ese momento no es cosmética ni improvisada. Primero hubo que pacificar la ciudad, revalorizar las fuerzas de seguridad, reformar el sistema de persecución penal. A partir de ahí, construir. Es una plan concreto, medible, hecha de hormigón, acceso al agua, terminación de planes de vivienda y asfalto y reconstrucción de rutas y calles. Durante los dos años previos a los Juegos, la Provincia de Santa Fe invirtió más de 90 millones de dólares, 75 de ellos provenientes de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y el resto de fondos propios, en una serie de inversiones sociales que le van a cambiar la fisonomía deportiva y urbana a Rosario para siempre. No para quince días. Para siempre. Dos estados subnacionales, el gobierno municipal y el provincial, una Legislatura abordando las leyes necesarias para que pase esto. Resultado que puede comprobarse.

 

Legado

 

El primer gran legado es el Centro Acuático Provincial, emplazado en el predio del ex Batallón 121, en el sur de la ciudad. Un espacio al que costaba encontrarle destino final. Un distrito como el Sur, que necesitaba el reconocimiento de ser el eje de una transformación urbana. Técnicamente, con una inversión de más de $12.894 millones, el complejo incluye una piscina olímpica de 50 metros cubierta para natación, polo acuático y natación artística, y una pileta específica para saltos ornamentales. Es la infraestructura acuática más importante que tuvo Rosario en su historia. Después de septiembre, cuando los competidores sudamericanos se vayan, quedará para los rosarinos: para los clubes, para los chicos que sueñan con nadar en pileta olímpica, para los deportistas de alto rendimiento que hoy tienen que viajar a otra ciudad para entrenar. El Centro Acuático es en sí mismo, una victoria.

A pocos metros del Centro Acuático se levanta la Villa Suramericana. Cinco torres. 254 departamentos. El lugar donde van a vivir los atletas de todo el continente durante la competencia. Pero la Villa no es solo un alojamiento temporal: es el inicio de la transformación del sur de Rosario, un sector que históricamente concentró carencias y que hoy ve cómo la infraestructura deportiva y habitacional lo integra definitivamente al mapa de la ciudad. Cuando los Juegos terminen, esas 254 viviendas van a tener destino habitacional permanente. El deporte como palanca de inclusión urbana. Así se construye la ciudad.

En el corazón del Parque de la Independencia está el Invencible Arena, el nuevo estadio multipropósito levantado sobre avenida Dante Alighieri, con una inversión de más de $11.292 millones. Ya fue inaugurado. Tiene la escala y los estándares para albergar eventos deportivos, culturales y espectáculos de escala nacional e internacional que hasta hoy Rosario no podía recibir. Junto al gobernador Maximiliano Pullaro, el intendente Pablo Javkin lo dijo con claridad: «Es el sueño del deporte y la cultura de Rosario de no menos de cinco o seis décadas.» A su lado, el Invencible Rosario, el nuevo microestadio construido junto al Patinódromo Municipal y al Club Provincial, con capacidad para 2.400 espectadores y más de 5.300 metros cuadrados edificados. Durante los Juegos será escenario de judo, karate y patinaje artístico. Después, reforzará uno de los grandes polos deportivos históricos de la ciudad.

Y los clubes. Newell ‘s aportará el estadio cubierto Claudio Newell para el vóley y el Coloso Marcelo Bielsa para el fútbol masculino. Provincial sumará el Estadio Salvador Bonilla para esgrima y tenis de mesa y el Gimnasio N°5 para levantamiento de pesas. En el predio de Gaudio funcionará la sede del tenis , siete canchas de tenis y diez de pádel que quedarán para la academia que dirigirá el campeón de Roland Garros , y el Jockey Club y Rosario Golf también serán parte de la escena internacional. Los clubes rosarinos, como en 1982 con los Juegos Cruz del Sur y en 2022 con los Juegos Suramericanos de la Juventud, vuelven a estar en el centro.

Junto a Santa Fe y Rafaela, son tres sedes, pero Rosario va a albergar el 65% de los deportes en competencia. Más de 50 disciplinas. Y 26 de ellas otorgarán plazas clasificatorias para los Juegos Panamericanos Lima 2027. Eso significa que la ciudad va a ser, durante quince días, el lugar donde se defina quiénes representan a sus países en el evento continental más importante del hemisferio. No es una exageración decir que el mapa del deporte sudamericano va a pasar por Rosario.

Pero la dimensión de este momento no se mide solo en metros cuadrados ni en presupuestos de obra. Se mide en contraste. Hace apenas tres o cuatro años, el nombre de Rosario llegaba a los medios internacionales asociado a la violencia narco. A balaceras en colegios, en clubes, en canchas. A familias que decidían irse. A una ciudad que parecía rendida. Lo dijo el ministro de los gobiernos kirchneristas Anibal Fernandez: en Rosario ganó el narco. Hay que acordarse, porque muchos socios locales quieren proponerse hoy como alternativa y no se hacen cargo de la inflación descontrolada, la quita de subsidios al transporte del interior y la peor crisis de inseguridad de la historia. Conviene tener neuroplasticidad para que no nos hagan la cabeza y perder lo conseguido. 

Hoy esa misma ciudad va a recibir delegaciones de 15 países, va a aparecer en las transmisiones deportivas de todo el continente, y va a mostrar lo que siempre fue pero que el miedo opacaba: una ciudad viva, generosa, capaz de organizarse para lo grande. Volvió Rosario. No por casualidad. Por decisión.

El 12 de septiembre es el principio, no el final. Los Juegos Panamericanos 2029 están en el horizonte y Rosario va a ser parte de esa historia también. La infraestructura que se inaugura en estos días, el Centro Acuático, los Invencible Arena y microestadio, la Villa. Son la base sobre la que se construye ese rol protagónico en dos años y medio. La generación de rosarinos que hoy va al club, la que viene enriqueciendo cada edición de los Juegos Crear, de la que participan 80 mil chicos y chicas, deportistas federados de todos los clubes. La que aprende a nadar, juega al básquet en un parque, va a crecer deportivamente con estándares que nunca tuvo antes. Cuando se corta la cinta, cuando se marca un momento como un antes y un después, no termina algo. Apenas está empezando. Nos lo muestra el futuro inmediato de este 26 de septiembre, cuando se traslade a otra sede el fuego olímpico. El legado de estos juegos es la ciudad y la provincia que siguen, hacia donde miran.  Atrás, nunca más.

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