THC convirtió su sexto aniversario en una fiesta de toda la escena

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Lo que estaba pensado como la celebración de los seis años de una banda terminó convirtiéndose en algo bastante más grande. El viernes 11 de septiembre, desde las 18 horas, Cielo fue escenario de una verdadera explosión de música, arte y solidaridad, con una convocatoria que superó ampliamente las expectativas y reunió a músicos, tatuadores, amigos y público de distintos puntos de Cosquín y Punilla.

THC celebró su sexto aniversario rodeada de amigos y artistas, pero también de un público que entendió rápidamente la propuesta y decidió ponerle el cuerpo a una jornada que tuvo todos los ingredientes de una gran fiesta.

La programación reunió a quince propuestas: Macumbia, Jam da Miércoles, Disnomia, Bermuddaz, Cofradía Acústico, Última Chance, Auttopsia, Vino Tu Ex, Asido Jodido, Dirt, Terruño, La Pochenko González, El Humano, Embajadores del Rock y, por supuesto, THC.

Quince bandas, distintas identidades y estilos, pero un mismo escenario.

Y el público respondió.

Hubo bailes, pogos, palmas, gritos y saltos durante toda la jornada. Muchos llegaron atraídos particularmente por alguna de las bandas y terminaron descubriendo otras propuestas que no tenían previstas. La diversidad terminó jugando a favor del encuentro: cada formación aportó su propia personalidad y el público fue respondiendo a cada una de ellas.

Macumbia, por ejemplo, consiguió hacer bailar prácticamente a todo Cielo con sus canciones de cumbia. Dirt llevó la intensidad hacia el pogo y los saltos, mientras que El Humano encontró en el rock una vía directa hacia esos clásicos movimientos que forman parte del ritual de cualquier recital del género.

 

Pero fueron apenas algunos ejemplos. Jam da Miércoles, Disnomia, Bermuddaz, Cofradía Acústico, Última Chance, Auttopsia, Vino Tu Ex, Asido Jodido, Terruño, La Pochenko González, Embajadores del Rock y THC también hicieron su parte. Cada banda tuvo algo diferente para ofrecer y, lejos de competir entre sí, las distintas propuestas terminaron construyendo una misma experiencia.

El público, además, se mostró especialmente receptivo. La sorpresa de descubrir una banda nueva, bailar una canción inesperada o terminar formando parte de un pogo frente a un grupo que quizás no estaba entre los motivos originales para asistir fue una constante durante la noche.

El resultado fue una fiesta que se fue construyendo entre el escenario y la gente.

Mucho más que música

El sonido funcionó de manera impecable y la iluminación acompañó cada presentación, contribuyendo a generar el clima de recital que la jornada necesitaba. Todo transcurrió con normalidad, sin inconvenientes y en un ambiente marcado por la diversión y la buena onda.

Pero la música no fue la única protagonista.

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Desde las primeras horas del evento, los tatuadores comenzaron a trabajar y prácticamente no dejaron de hacerlo durante toda la jornada. Wanda, Franco y Walter tres de los artistas que participaron del encuentro, coincidieron al destacar que la experiencia significó mucho más que una oportunidad económica.

Los tatuajes relacionados con las bandas fueron realizados de manera gratuita, mientras que el resto de los trabajos se hicieron a voluntad. Sin embargo, para los tatuadores, una de las mayores ganancias estuvo en otro lugar: la posibilidad de mostrar su trabajo, darse a conocer y establecer nuevos vínculos.

Durante la jornada, muchas personas intercambiaron contactos con los artistas con la intención de continuar posteriormente el vínculo en sus respectivos estudios. Una dinámica que demuestra que, en una escena donde las relaciones personales y profesionales tienen un peso fundamental, la visibilidad también puede transformarse en nuevas oportunidades.

Y no es un detalle menor.

En Cosquín y en Punilla, donde buena parte de las expresiones culturales independientes se sostienen sobre redes de colaboración, amistad y conocimiento mutuo, generar y mantener buenos vínculos forma parte de una manera particular de entender la vida comunitaria. El aniversario de THC funcionó también como un espacio para fortalecer esos lazos.

Los tatuadores lo vivieron de esa manera. Trabajaron, mostraron lo que saben hacer, conocieron gente nueva y se llevaron contactos que pueden continuar mucho después de que las luces de Cielo se apagaran.

Una celebración que desbordó las expectativas

La magnitud de la convocatoria también tuvo consecuencias más allá de las puertas del lugar.

La entrada al evento consistía en un alimento no perecedero destinado al Comedor Corazoncitos Felices. Y la respuesta fue tan positiva que, según pudo conocerse, incluso algunos comercios de los alrededores se vieron beneficiados por el movimiento generado.

Hubo personas que llegaron con la intención de ingresar y, al enterarse de que debían aportar un alimento para hacerlo, recurrieron a negocios cercanos para comprar aquello que necesitaban.

Así, una propuesta pensada desde la solidaridad terminó generando también movimiento en el entorno inmediato.

Pero quizás la mejor medida del éxito haya sido otra: la expresión de quienes participaron.

Tanto Lemmy, cantante de THC, como David, bajista de la banda, se mostraron visiblemente orgullosos y satisfechos con el resultado de la jornada. Lo mismo pudo observarse en Javito, de Disnomia. Y no solamente en las declaraciones posteriores: en las conversaciones mantenidas durante el encuentro, la alegría y la satisfacción parecían extenderse entre músicos, artistas y colaboradores en general.

Después de horas de organización, preparación y trabajo, el resultado estaba delante de sus ojos.

Había funcionado.

El valor de hacer algo juntos

Al finalizar la jornada, THC agradeció a los músicos que participaron, a quienes estuvieron a cargo del sonido y las luces, al espacio que recibió la celebración, a los amigos que colaboraron durante la previa y a todos aquellos que aportaron su parte para que el aniversario pudiera concretarse.

Ese agradecimiento permite entender otra de las claves de lo sucedido.

El sexto aniversario de THC no fue solamente el cumpleaños de una banda. Fue el resultado de un trabajo colectivo.

Músicos, tatuadores, técnicos, organizadores, amigos y público ocuparon cada uno su lugar y terminaron formando una maquinaria que funcionó con una naturalidad poco frecuente para una propuesta autogestiva de semejante magnitud.

Y quizás allí estuvo la verdadera celebración.

THC puso la fecha y el motivo. El resto de la escena ayudó a convertirlo en acontecimiento.

Durante varias horas, Cielo se transformó en un punto de encuentro donde convivieron estilos musicales diferentes, artistas de distintas disciplinas, vínculos que comenzaron a construirse y una causa solidaria que permitió que la fiesta también tuviera un destino concreto.

Se bailó, se saltó, se pogueó, se cantó, se aplaudió y se gritó. Se tatuó durante horas. Se conocieron personas. Se intercambiaron contactos. Se descubrieron bandas. Se compartieron escenarios.

Y, sobre todo, se demostró que cuando una escena decide trabajar en conjunto puede conseguir mucho más de lo que cada uno podría alcanzar por separado.

Seis años después de su nacimiento, THC consiguió celebrar su aniversario rodeada de aquello que probablemente más valor tiene para cualquier banda independiente: sus amigos, sus colegas y su público.

La fiesta terminó, las luces finalmente se apagaron y Cielo volvió a quedar en silencio.

Pero la escena siguió vibrando.

Porque el sexto aniversario de THC no solamente celebró seis años de música.

Celebró una comunidad que demostró estar viva.